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Un día extraordinario

 

Hola, ¿cómo estás? Yo muy bien, porque ayer tuve un día extraordinario y te lo quiero contar.

Llegué muy temprano al Palacio de las Aguas Corrientes de Buenos Aires, el maravilloso y emblemático edificio de Córdoba y Ayacucho, para asistir a la “Conferencia Binacional Gestión Integral del Agua, Argentina-Holanda”. Hasta aquí, podrías decir “bueno, qué aburrido, qué puede tener eso de extraordinario”. Sobre todo en un país que, sumergido en sus múltiples tribulaciones, exhibe una amarga imagen de inmovilismo.

Pero resulta que allí se habló de proyectos, de futuro, de solución de problemas reales. De crecimiento posible. De desarrollo territorial. De adaptarnos y combatir el flagelo del cambio climático, que llegó para quedarse.

Sí, se habló de la Argentina posible, y eso es extraordinario. Y más para el agro, que hace cuatro años exhibía media pampa húmeda bajo un ominoso manto de agua, con enormes pérdidas de producción, de bienes, de animales y hasta de vidas humanas. Había aflorado el problema de las napas y se iban por el caño 3 o 4 mil millones de dólares por exceso de agua.

Y de pronto, una feroz sequía tendió sus tentáculos sobre todo el territorio, arruinando la cosecha del 2018 y sumiendo al país en una angustiante crisis de escasez de divisas. La falta de lluvias nos costó 8 mil millones de dólares. Inundación y sequía, dos caras de la misma moneda. Es el cambio climático, estúpido, nos diría Clinton.

Sugerimos en su momento que nuestros gobernantes tomaran contacto con los expertos holandeses. Los Países Bajos se construyeron peleándole al agua desde hace 12 siglos. Allá dicen “Dios creó al mundo, pero a Holanda la crearon los holandeses”. Netherland, tierras bajas. Tienen más del 60% del territorio bajo el nivel del mar, ahí viven y son una de las grandes potencias agrícolas del Europa.

Bueno, el gobierno de Macri, ni bien asumió, fue a buscar la colaboración de los nederlandeses. Lo hizo a través del hoy Secretario de Infraestructura y Política Hídrica, el ingeniero Pablo Bereciartúa. Se iniciaron los trabajos, y ayer se presentaron los proyectos. Ambiciosos, muy audaces, polémicos, creativos y por supuesto, costosos. 

Una hidrovía mediterránea, paralela al río Paraná, de Córdoba a La Pampa, que no solo permitirá manejar los excesos de agua, sino crear una infraestructura nueva. Porque incluye autopista y ferrocarriles, con un nodo en Catriló y salida por Bahía Blanca, Quequén y quizá Mar del Plata. Su costo se estima en 3.000 millones de dólares. Muchísima plata. Pero es apenas un tercio de lo que el gobierno recauda por año sólo por retenciones a la soja.

No es el único proyecto. Está el del desarrollo del Delta del Paraná, hoy sometido al designio descontrolado de las aguas que bajan de Brasil, Paraguay, Bolivia y el norte argentino. En su ribera occidental vive el 60% de la población argentina. Al este, todo por hacerse. Forestación, miel, ganadería, horticultura, turismo, biomasa, barrios isleños. Los expertos holandeses, que de deltas saben un rato largo, están excitados con tanto potencial. Y saben que si no hacemos algo, el cambio climático se llevará puesto lonque se pudo hacer hasta ahora, botones de muestra de la Argentina posible.

Sí, ayer fue un gran día. Y hoy también porque puedo contártelo. Y convocarte a pensar en lo que nos decía José Ortega y Gasset hace 100 años: “Argentinos a las cosas”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

FUENTE: Héctor Huergo. Director de Contenidos de Clarín Rural

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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